Una verdadera sorpresa y molestia generó al interior del Ejecutivo la intervención del ministro Fernando Barros, quien arremetió con dureza contra la Casa Blanca por la reciente alza de tributos a las exportaciones nacionales. Durante una entrevista radial, el secretario de Estado calificó la medida como un acto injusto que pone en entredicho los lazos bilaterales, destacando además que nuestra legislación laboral supera los estándares norteamericanos.
Aunque en Palacio hay pleno consenso respecto a lo perjudicial que resulta este gravaje —el cual deja al país en una situación menos ventajosa que a varios vecinos de la región—, la molestia pasó por las formas y el momento escogido. La intervención del jefe de Defensa cayó pésimo porque no corresponde a su cartera y se cruzó con las tratativas que lleva adelante la Cancillería para aplacar el conflicto comercial sin entrar en disputas directas.
Para calmar las aguas, el canciller Francisco Pérez Mackenna salió a matizar los dichos de su compañero de gabinete y recalcó que el diálogo con la administración de Washington sigue abierto. En la misma línea, el ministro del Interior respaldó la vía diplomática, apostando por sumar nuevos antecedentes que permitan echar pie atrás a la medida económica en las próximas reuniones bilaterales de agosto.

