El flamante ministro de Economía y Finanzas del vecino país, designado por la administración entrante de Keiko Fujimori, destaca por su sólida formación técnica y un historial de estrecha colaboración con referentes económicos nacionales. El experto financiero, quien fuera socio de una conocida consultora y directivo del banco central peruano, completó sus estudios de posgrado en el Instituto de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile a mediados de los noventa, compartiendo aulas con reconocidos especialistas locales como Sebastián Claro, Aldo Lema y Macarena García.
Desde Santiago, los mercados y el empresariado recibieron con buenos ojos su nombramiento, especialmente considerando el alto volumen de capitales chilenos invertidos en suelo peruano, que superan largamente los veinte mil millones de dólares a través de firmas de retail, energía y servicios. Analistas de la plaza nacional valoran que el nuevo mandamás de la economía peruana comprenda a cabalidad el funcionamiento del sistema local, lo que facilitará el diálogo bilateral y la certidumbre regulatoria para los proyectos mineros y comerciales que cruzan la cordillera.
El desafío inmediato para la nueva autoridad será destrabar un ritmo de expansión económica que se ha visto frenado por la prolongada incertidumbre política de los últimos años, logrando llevar la actividad más allá del actual piso del tres por ciento anual. Para ello, su gestión deberá lidiar con un poder legislativo atomizado, cautelar el gasto fiscal con mano dura y asegurar un clima de negocios favorable que mantenga a raya el riesgo financiero, completando así una dupla técnica de alta confianza junto al ratificado timonel del ente emisor, Julio Velarde.

