El informe presentado al Ejecutivo desató un intenso debate público luego de que trascendiera la cifra de 52 horas semanales, lo que hizo pensar a muchos que se daría marcha atrás a la esperada rebaja horaria. No obstante, el trasfondo de la medida apunta exclusivamente a modificar el rango de cálculo para equilibrar las semanas con mayor y menor movimiento productivo, manteniendo inalterable el promedio de las cuarenta horas semanales.
Actualmente, la normativa permite promediar las horas en un ciclo máximo de un mes, pero la idea es llevar este plazo hasta las quince semanas, o incluso al año entero si media un acuerdo colectivo, tal como se estila en naciones europeas. De este modo, las empresas y su personal podrían pactar labores más intensas en temporadas peak, compensando ese tiempo con jornadas más cortas posteriormente, sin que esto signifique un incremento en la carga laboral anual.
En la zona penquista, diversos actores del mundo laboral y del emprendimiento miran con buenos ojos la alternativa, siempre y cuando existan resguardos claros y consenso entre las partes. Desde la Seremi del Trabajo en la región del Biobío enfatizaron que el calendario de la ley se mantiene intacto y recordaron que los límites máximos ya se encuentran regulados en la legislación vigente, siendo el objetivo principal proteger los empleos frente a las fluctuaciones económicas estacionales.

