Cada 25 de julio se conmemora una fecha que busca visibilizar la lucha contra el racismo sistémico y la triple discriminación que enfrentan las mujeres afrodescendientes, caribeñas y latinoamericanas. Lejos de ser una festividad comercial, esta jornada invita a reflexionar sobre una deuda histórica pendiente que cruza temas de género, etnia y clase social, tal como señalan diversos organismos internacionales.
En Chile suele instalarse el mito de que no existen raíces negras, un relato homogéneo que ha invisibilizado a esta población desde tiempos de la Colonia. Sin embargo, esta presencia ha estado aquí siempre, aunque los libros de historia oficiales se hayan encargado de borrarla, dificultando que las nuevas generaciones logren autorreconocerse en su propia ascendencia.
El Gran Concepción guarda testimonios potentes de este pasado que la ciudad intentó sepultar. Un claro ejemplo es el sector de la antigua Laguna de los Negros, ubicada en pleno centro penquista, que recuerda hechos históricos marcados por la resistencia frente a la esclavitud. Caminar por esas calles significa pisar una herencia viva que merece ser rescatada desde las aulas y la memoria colectiva.
Desde el mundo académico y social, el llamado es a realizar un examen profundo sobre cómo se aborda la inclusión y el respeto a la diversidad. Superar el racismo institucional exige tender puentes reales con los sectores históricamente marginados, integrando esta memoria fundamental en la construcción de una sociedad más justa y consciente de su verdadera diversidad.

