Para evitar el pago de dos mil dólares que exigía el servicio de flete marítimo hacia Isla Canguro, el maestro contratista Alex Craig decidió aplicar toda su creatividad. En vez de aceptar la abusiva tarifa, se unió a un colega para dar forma a una plataforma flotante muy particular.
El ingenioso vehículo acuático no solo cumplía con la misión de transportar la caseta sanitaria, sino que además venía equipado con una parrilla encendida para hacer más ameno el viaje. De esta manera, ambos navegaron a lo largo de veinte kilómetros de mar abierto hasta llegar a su destino definitivo.
Craig explicó que necesitaba habilitar servicios básicos para iniciar sus labores de edificación en la zona insular. Al notar la escasez de proveedores locales y los absurdos costos de traslado desde el territorio continental, prefirió resolver el problema con sus propias manos y un toque de humor australiano.

