En el mundo laboral chileno, muchas compañías cometen el error de asumir que sus equipos actúan siempre de forma fría y racional frente a los datos. Sin embargo, los sesgos emocionales pesan mucho más a la hora de tomar decisiones. Si una empresa predica valores como la honestidad, pero su sistema de compensaciones premia cerrar tratos sin importar los medios, el mensaje contradictorio destruye por completo la cultura ética de la organización.
Este fenómeno se repite en distintos rubros donde las ganancias se vinculan directamente a la productividad excesiva. Un ejemplo clásico de esto fue la época de las micros amarillas en Santiago, donde los choferes corrían y ponían en riesgo a los pasajeros porque ganaban más plata según la cantidad de boletos que cortaban. Situaciones similares ocurren en la salud, donde un médico puede convencerse inconscientemente de operar más si sus ingresos dependen directamente de la cantidad de intervenciones quirúrgicas que realice.
Para evitar que el cumplimiento normativo quede solo en buenas intenciones, los departamentos de finanzas, recursos humanos y ética deben trabajar alineados antes de lanzar cualquier bono. Al final del día, los expertos señalan que el verdadero manual de conducta de una empresa no es el documento que se firma al entrar, sino aquello que la jefatura premia con dinero en efectivo.

