Mientras el ministro Jorge Quiroz acaparaba los focos durante la discusión de la denominada megarreforma de Reconstrucción Nacional, un engranaje compuesto por expertos económicos, abogados y operadores políticos operaba desde el segundo plano. La labor se dividió principalmente entre el Ministerio de Hacienda, responsable del diseño técnico y tributario, y la Segpres, encargada de asegurar los votos y alinear las posturas en el Parlamento.
En la vereda económica, la dirección política inicial estuvo a cargo de Quiroz y el exsubsecretario Juan Pablo Rodríguez, cuya salida abrió paso a Tomás Bunster en la subrogancia. Paralelamente, el área legislativa de Hacienda fue timoneada por Bárbara Bayolo, quien debió lidiar con las indicaciones y advertir sobre la inadmisibilidad de ciertas normas. El flanco de los impuestos, en tanto, quedó en manos de Sebastián Vallebona, encargado de defender la reducción de tributos y las nuevas reglas de inversión.
Por el lado de la Segpres, el ministro José García Ruminot y la subsecretaria Constanza Castillo condujeron las negociaciones con oficialistas y opositores. Bajo su alero, equipos especializados revisaron la constitucionalidad del articulado y mantuvieron el pulso diario con los legisladores en las distintas comisiones.
El despliegue requirió además la colaboración transversal de carteras como Trabajo y Medio Ambiente. La coordinación fina entre todos estos ministerios resultó determinante para evitar que se cayeran los acuerdos alcanzados durante las jornadas más críticas en ambas cámaras del Congreso.

