A pocos pasos de la estación de metro El Golf, en una de las zonas con mayor plusvalía de la capital, se alza una construcción que llama la atención de todos los transeúntes. Levantado a mediados de la década del setenta, cuando el sector todavía conservaba un perfil residencial, este bloque de ocho niveles contrasta hoy con las modernas torres vidriadas que lo rodean en pleno distrito financiero.
El problema principal comenzó hace más de diez años, cuando una gran entidad bancaria decidió comprar casi la totalidad de las unidades con la intención de demoler y levantar un nuevo complejo corporativo. No obstante, tres dueños se han mantenido firmes en su postura de no ceder sus espacios, frenando por completo los planes de expansión de la compañía en este codiciado terreno.
Quienes todavía habitan el lugar denuncian que la falta de mantención es parte de una presión sistemática para obligarlos a marcharse. Mientras tanto, en la decaída galería comercial del primer piso apenas sobreviven un par de locales, reflejando el fuerte contraste de un sector donde el suelo disponible es prácticamente inexistente.

