La rectora subrogante del Instituto Nacional, Sandra Aravena, presentó una denuncia formal ante el Ministerio Público y un informe al Servicio Local de Educación Pública (SLEP) con inéditos antecedentes sobre los graves desmanes ocurridos el viernes 24. Según el documento oficial, los incidentes comenzaron temprano cuando un grupo de alumnos se dirigió a un baño clausurado para cambiarse de ropa y enfundarse en los tradicionales overoles blancos.
El testimonio detalla que al menos ocho encapuchados se abrieron paso hacia la salida por la calle Arturo Prat. Mientras unos utilizaban una galletera para cortar los candados y escapar, otros armaban bombas molotov directamente sobre una banca, todo esto ante la atónita mirada de sus propios compañeros que oficiaban de espectadores. Incluso, las indagatorias internas apuntan a que un estudiante de cuarto medio actuó como guía y cobertura del grupo.
Durante la intervención policial para repeler el ataque, uno de los proyectiles incendiarios impactó de lleno contra un automóvil particular estacionado en las inmediaciones. En la parte trasera del vehículo viajaban dos niños de seis y siete años, quienes milagrosamente lograron ser rescatados sanos y salvos por un funcionario del establecimiento antes de que las llamas consumieran por completo el móvil.
Tras el operativo que permitió la captura de dos involucrados de tercero medio —quienes quedaron con arresto domiciliario nocturno—, el resto de los participantes huyó hacia el interior del recinto y se mezcló con los estudiantes que eran evacuados. Desde el SLEP de Santiago Centro ya presentaron querellas por homicidio simple frustrado y otros delitos, advirtiendo un patrón operativo que se repite en otros liceos emblemáticos de la capital.

