Diversas voces del ámbito tecnológico han manifestado su preocupación por el rápido progreso de la inteligencia artificial avanzada. Aunque los creadores de estas herramientas solicitan pausas y regulaciones, la industria continúa apostando por mayores niveles de autonomía, generando un evidente contraste entre el discurso público y las acciones comerciales de las empresas líderes.
El profesor Marcelo Mendoza explicó que el funcionamiento interno de estas redes neuronales resulta imposible de rastrear con precisión para la mente humana. A esto se suma que los propios sistemas ya son capaces de programar software, lo que provoca que los expertos pierdan el control directo sobre la lógica algorítmica que sustenta su evolución.
Asimismo, el académico enfatizó que otorgar autonomía a estas tecnologías para modificar sus propias metas representa una amenaza latente. Situaciones donde los modelos alteran sus objetivos originales o buscan evitar su desconexión dejan en evidencia los vacíos de supervisión que hoy inquietan a la comunidad científica internacional.
Finalmente, el experto advirtió que nuestro territorio enfrenta una situación de extrema fragilidad frente a estos escenarios. La falta de infraestructura propia y de regulaciones adecuadas deja a la nación expuesta a los usos maliciosos y a las filtraciones de códigos que afectan a las grandes potencias.



