Un grupo de exploradores marinos, en conjunto con un equipo de Discovery Channel, logró ubicar el fuselaje de un cuatrimotor DC-4 que se precipitó al océano Atlántico en abril de 1952. La aeronave había despegado desde suelo puertorriqueño rumbo a Nueva York, pero sufrió desperfectos mecánicos en sus propulsores que obligaron a los pilotos a intentar un descenso forzoso sobre el agua a pocos minutos de iniciar el viaje.
El sumergible autónomo empleado en la búsqueda detectó los restos a unos seiscientos metros de profundidad y a escasa distancia de la costa. A pesar del largo tiempo transcurrido, las cámaras submarinas captaron el fuselaje en buen estado de conservación, permitiendo distinguir claramente los tradicionales emblemas de la compañía aérea en la estructura metálica.
Aquel desastre aéreo dejó un saldo de más de cincuenta víctimas fatales, principalmente porque los pasajeros no lograron ubicar los implementos de flotación a tiempo mientras la cabina se inundaba. Esta trágica experiencia impulsó una profunda revisión en los protocolos de navegación comercial, instaurando de manera obligatoria las charlas informativas sobre evacuación y el uso correcto de chalecos salvavidas antes de cada vuelo en la actualidad.

