El exsenador Álvaro Elizalde volvió a demostrar su enorme influencia dentro del Partido Socialista (PS) al intervenir discretamente para resolver un severo conflicto interno que enfrentó a la timonel de la tienda, Paulina Vodanovic, con los parlamentarios Daniella Cicardini y Daniel Manouchehri. Estando de vacaciones en el extranjero, el exministro articuló un entendimiento entre las principales corrientes del partido para calmar las aguas tras un quiebre por discrepancias con el gobierno.
La maniobra política culminó en una declaración oficial respaldada por los sectores mayoritarios, evidenciando que Elizalde sigue manejando los hilos principales de la colectividad a pesar de no figurar en la directiva actual. Diversas figuras del socialismo ya han deslizado su apoyo para que el otrora timonel del partido vuelva a asumir la presidencia en las elecciones internas programadas para noviembre, aunque él aún no confirma su postulación.
Este movimiento ocurre en un escenario complejo para la centroizquierda, donde el PS es visto por varios analistas como el único actor con la musculatura suficiente para ordenar a la oposición frente al avance del Frente Amplio y el Partido Comunista. Sin embargo, en la interna socialista reconocen que el principal desafío antes de articular al sector opositor es lograr ordenar su propia casa.

