En un terreno de juego completamente anegado por las precipitaciones, el cuadro dirigido por Juan José Ribera mostró mayor ambición y se quedó con tres unidades de oro al superar por dos a cero a su rival de turno, dando inicio de la mejor forma a la segunda parte del torneo de honor.
La apertura de la cuenta llegó mediada la primera etapa gracias a una jugada preparada que culminó de buena forma en la valla contraria. Pese a las complicaciones del pasto debido al clima, los dueños de casa mantuvieron el dominio territorial y aumentaron la ventaja justo antes del descanso mediante una brillante acción colectiva.
Durante el complemento, el conjunto de la Región de Ñuble se abocó a administrar la diferencia frente a unos forasteros que nunca encontraron el Hồ para contrarrestar el desgaste físico y el estado del campo.
Gracias a esta victoria, el cuadro rojo alcanza las veinticinco unidades en la tabla de posiciones, superando precisamente a los árabes y ubicándose provisionalmente en el podio del certamen criollo a la espera de otros resultados.

