Organizaciones humanitarias han señalado que el principal obstáculo para el bienestar de los habitantes en la región es la presencia militar y las políticas de colonización. A más de mil días desde el inicio de la escalada de violencia, los centros médicos sufren una destrucción sistemática, mientras que el personal de la salud enfrenta detenciones arbitrarias y cifras alarmantes de bajas en el cumplimiento de sus labores.
En la Franja de Gaza, el desplazamiento constante y la reducción del territorio habitable han generado condiciones extremas de hacinamiento. Esta situación disparó la propagación de infecciones respiratorias, problemas estomacales y afecciones cutáneas, agravadas por la escasez crítica de agua potable y la imposibilidad de recibir asistencia humanitaria de manera fluida debido a trabas administrativas.
Por otro lado, Cisjordania atraviesa un escenario de profunda tensión marcado por el control militar, el desalojo de comunidades y restricciones severas en la movilidad. Esto dificulta enormemente el traslado de pacientes graves hacia centros asistenciales, consolidando un panorama donde la atención médica básica se transforma en un privilegio inaccesible.
Los equipos de ayuda internacional enfatizan que la comunidad global ha normalizado una catástrofe humanitaria sin precedentes. Sin un giro radical en las directrices geopolíticas que resguarde los derechos fundamentales de los civiles, la situación de vulnerabilidad extrema continuará expandiéndose por todo el territorio.

